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CEGUERA

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El anciano entró al consultorio del especialista caminando con dificultad. La puerta casi abierta me permitía observar al Dr. sentado frente al paciente, y escuchar perfectamente el diálogo: -No veo casi nada. Tuve un ataque de presión que me ocasionó un derrame en el ojo derecho y el ojo izquierdo lo tengo dañado por un accidente en la infancia. -Veo que la lesión del ojo izquierdo es similar a la del ojo derecho. - No, la del ojo izquierdo se me produjo cuando tenía cinco años, me caí sobre una mata de calafate y me pinchó una espina. -Eso es imposible, la retina está a tres o cuatro centímetros detrás del ojo, no es posible que ningún pasto ni ninguna espina lo haya dañado. Seguramente lo que ocurrió fue que tuvo un derrame y le pasó inadvertido. -Ud. es el especialista, Dr. no le voy a discutir. -Por lo que yo veo, amigo, no creo que se pueda recuperar la visión central del ojo derecho. Está muy dañado! Silencio. Un suspiro. -Pero... ¿ no se puede operar? -Podemos intent...

MANDELA

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Viviste todo lo que puede vivir un hombre. Hiciste todo lo que puede hacer un hombre. Fuiste sabio, luchador, correcto, concreto, valiente, humilde, respetuoso, la paz entre los hombres fue el motor de tu vida. Aunque poderoso no supiste de rencores ni revanchas. Hoy  la muerte esté feliz y yo no estoy triste. Hasta siempre digo, porque seguro hay otros hombres que han aprendido tus lecciones y que harán lo mejor por otros hombres. No estoy triste. Aunque todos lloremos una lágrima de despedida.

Tiempo

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No es que el tiempo no nos alcance para nada, ni que pase más rápido a medida que vamos creciendo. Es que al tiempo se lo comen las malditas colas. En el cajero, en el super, en el Banco, para pagar la tarjeta, el teléfono, los impuestos  o para comprar crédito telefónico. Para todo hay que hacer cola. Entonces el tiempo se vuelve algo chicloso, una cosa amorfa, muerta. Tantas y tantas horas perdidas solo porque alguien pensó que dándonos un plástico las cosas se harían mejor y más rápido, y claro que esto sería cierto si hubieran más cajeros automáticos, o más empleados para atendernos en el super, en el Banco o en el kiosko. Ahora a toda esta locura se le ha sumado la cola para cargar nafta. Basta que alguien eche a correr el rumor de que los camiones no llegan por paro de petroleros, por viento en la ruta o porque se le pinchó una cubierta a los camiones transportistas, para que todos salgan disparados hacia la primera estación de servicio, y allí se quedan horas y horas, es...

Amaneceres

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Hay una hora en la noche en que todo se oscurece, es la hora en que comienza el sueño más pesado, es ese espacio en que la conciencia va cediendo su lugar a lo inconsciente, ese otro lugar desconocido poblado por imágenes que nadie sabe de donde vienen. Hay una hora en la noche en que mi cuerpo tiembla, retornan los miedos de la infancia y vuelven extrañas figuras, haciendo que me siente de golpe en mi cama, confundida, gritando en una pesadilla, llorando a veces lágrimas que dejan el amargo sabor de un trago indeseado o de ese medicamento que nos obligaban a tomar apretándonos la nariz, menuda forma de tortura. La única manera de expulsar esos miedos, de aclarar esa oscuridad de cada noche, de acabar con ese dolor inexplicable, es quedarme inmóvil en mi almohada, abrir grandes los ojos para mirar los árboles sacudiéndose en mi ventana, agitando sus ramas sobre los vidrios, limpiándome de los temores. Y solo esperar que otra vez amanezca.

Y SE PARECE TANTO A UNA CRUZ

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El hombre se enteró por la radio que muchos vecinos estaban tomando tierras fiscales. Pensó que ya no podría seguir pagando el alquiler pues se lo aumentaron casi al doble y no lo dudó más. Yo voy, le dijo a su mujer. Sus hijos pequeños quisieron acompañarlo, pero no los dejó. Juntó unas maderas en el patio y partíó con dos amigos en su vieja camioneta. Al llegar al lugar quedó impresionado. Jamás pensó que eran tantos los necesitados. Aunque algunos no lo son tanto, le comentaron. Algunos son unos vivos bárbaros, aprovechados. Clavó sus estacas luego de medir a grandes zancadas un terreno de aproximadamente 20 x 20. Lo cercó con un plástico que encontró tirado en algún basurero. Levantó con esfuerzo un ranchito con algunas chapas, lo importante es marcar el territorio, le dijeron. Y luego pintó una madera con su nombre. Sintió algo parecido a la felicidad. El político de turno le prometió que esa tierra sería suya. Debía solamente cumplir algunos requisitos. Esperó horas y horas en ...

Frío

Frío Ya no detesto el frío, p or el contrario lo siento abrazándome la piel y lo celebro mis poros respiran su agradecimiento y no se contraen lo dejan avanzar suavemente en dosis microscópicas Entonces viaja por mis células se mece con mi sangre y refresca mi atribulado corazón Y no es que se trate de la muerte -que todos los muertos están fríos- Yo siento que me envuelve y me acaricia con la suavidad de un pájaro pequeño. No todos los que me rodean piensan lo mismo. Por lo general cierran apresurados las ventanas y sin duda me insultan por lo bajo Pero bien vale un insulto –o todos- la inigualable sensación de sumergirme en un témpano p oroso, transparente, que respira conmigo y  me libera. Me gusta el frío, la nieve que cae blanca  y espaciosa, El agua congelada que nos mandan los ángeles La lluvia refrescante.                           ...

Libro al mar

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En febrero de 2010 tiré al mar de Isla Negra una botella de plástico con uno de mis libros adentro. Lo hice a manera de despedida, ya que al otro dia retornaba de mis vacaciones y volvía a la normalidad de mi vida en Río Gallegos. Quería dejar algo de mí en ese hermoso lugar, en la playa al pie de la casa de Neruda, y lancé el objeto desde una de las enormes rocas que la pueblan. El oleaje furioso de ese mar me impresionaba. Al examinar las fotos que cada día tomaba, analizaba cada detalle que el ojo no capta a simple vista, pero que queda para siempre plasmado en las fotos. Veía rostros en las olas, creía oír los gritos de la gente que alguna vez perdió la vida en el mar. A los pocos días ocurrió lo del tsunami y aún me sigo preguntando cuál habrá sido el destino de la botella y del libro encerrado. Tal vez la furia del oleaje la llevó mar adentro, y aún va la pobre náufraga, huérfana de ojos y de manos que la liberen de su prisión de sal y algas y de su prisionero. O tal vez descan...