martes, 16 de agosto de 2016

INUNDACION

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I
El hombre avanza por la calle de agua
Hasta ayer era tierra lo que sus pies pisaban
Hoy el cielo se abrió
 quizás hastiado de promesas
Hizo sentir su furia
Inundó los campos y las casas
II
El hombre lleva a cuestas su resignación de siglos
Solo mastica por dentro su desgracia
Maldice en silencio
Paso a paso avanza contra el agua.
De su bolsillo asoma una boleta azul
-propaganda política-
Con la promesa de un jardín de rosas.
Aun sabiendo que es mentira
Apuesta a una última esperanza.

III
Tal vez porque nada le queda
Contra su pecho  acorrala la esperanza
Cada cuatro años la renuevan
Pero aun  nada aprendimos
Si todos queremos  lo mejor para el otro
No se entiende por qué se diluye
Como el agua

IV
Los corderitos de la casa
han quedado huérfanos
La corriente del rio se llevó a su madre
Y una rama les sirvió de balsa
Ellos  balan helados y hambrientos
Esperan con ansiedad que la mano del niño
Les acerque algo parecido al calor
algo parecido al amor

V

Por suerte los corderos ignoran su destino
Por suerte ignoran que hoy los han salvado
Para solo extender  un poco más sus días
Sobre esta tierra
Quizá si lo supieran
Hubieran preferido ahogarse con su madre
Hubiera  sido más piadoso
Dejarlos irse resignados,  con la corriente del rio
Desbordado de agua de montaña
Desbordado por la tala
Desbordado por la codicia de los humanos.

VI

Así como un triste cordero
El niño cayó desde el puente
Las aguas lo barrieron de la baranda vieja
Se quedó de pronto con los pies en el aire
Aterrizó sobre el caudal oscuro y frio
Mañana encontrarán su cuerpo
Helado blanco sin excusas ante la muerte injusta
Una madre llorará a sus pies
Cuando ya sea demasiado tarde.

VII
Algo remuerde al hombre su conciencia
La escuela queda demasiado lejos
No llegará a tiempo para poner
El voto en la urna
Apenas un grano de arena sería
Piensa
 que la roca está formada por millones de granos
que el maíz comienza con una semilla
que miles de gotas de lluvia aumentan
 el caudal de cualquier rio,
de cualquier océano
que el hombre empieza siendo microscópico
que todo comienza casi de la nada….

XIII

La vieja catedral está inundada
Sus paredes guardan la fe y la oración
De tantos fieles
Tantos ruegos se han elevado a sus alturas
Tantos dolores
Tantas vicisitudes
Tal vez era necesario que el agua
Lavara el  dolor también por dentro

XIV

En la pantalla del televisor
Los políticos sacan soluciones
Como un mago conejos de la galera
Son sólo  hombres que hablan
Solo eso
Hacen ruido con las palabras
Como el ruido sordo del agua
Corriendo por las calles de noche


 XV

Nuestros ojos nos mienten
Vi caer la hoja del árbol
En simultaneo con el vuelo fugaz de una estrella
Desde mi visión, tardaron el mismo tiempo
En descender
Una cayó del árbol
Se detuvo en el barro
La otra inició su viaje
y se perdió en el infinito cielo.
extraña sensación sentirse hoja
sentirse estrella
sentirse pájaro en el cielo

XVI

Cuantas veces hacemos
Lo mismo que las hojas
Que se liberan de la prisión del árbol
Cayéndose, acunadas
Con el soplo del viento.
Extraña sensación sentirse hoja cayendo.



martes, 9 de febrero de 2016

EL HORMIGUERO
(Arboles subterráneos)
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Hoy es el día de la gran exposición del escultor japonés Itzuki  Kono, en París. La muestra se llama “Arboles subterráneos” y supone que será un éxito, como todas las que ha venido realizando en su larga carrera.  Sus obras son muy cotizadas en todo el mundo por lo novedoso de sus propuestas.  Hace poco, ya casi sin ideas nuevas, se le ocurrió una que le pareció genial. Llenó de aluminio líquido un hormiguero para obtener el verdadero esqueleto de la colonia. El resultado lo dejó muy satisfecho. Luego de lavar y sacudir la tierra del hormiguero aluminizado, apareció ante sus ojos la maravillosa trama de ese mundo secreto de túneles y galerías intercomunicados de las más diversas formas. Ese micro mundo donde cada habitante cumple su rol siguiendo las reglas de la naturaleza, solo preocupados por su subsistencia. Luego, con el ego exacerbado, probó con otros metales derretidos: oro, plata, cobre, otra vez con aluminio y así consiguió sumar ocho hermosas estructuras que hoy se exhiben sobre enormes taburetes. Unos más pequeños, otros más altos, todos deslumbrantes como árboles nevados.
Los amantes del arte moderno están fascinados. Para tranquilizar a los ambientalistas, dijo en su discurso inaugural: “Quédense tranquilos, todas las hormigas fueron evacuadas. Las aspiramos y las volvimos a insertar en otros hormigueros”.  Muchos dudaron. ¿No sabe que las colonias de hormigas son sociedades organizadas, que no aceptan ser avasalladas por otros? ¿Se habrán matado entre ellas en una guerra impuesta por este hombre?  ¿Es que en nombre del arte se puede avasallar la vida, así como así, sin consecuencias? Miraron detenidamente cada estructura y si bien no encontraron restos de los insectos, ni patas ni antenas sobresaliendo del metal solidificado, bien podría ser que algunos insectos hubieran quedado atrapados en su interior. ¿Cómo saberlo?
La evacuación no fue organizada, solo se trató de introducir la aspiradora en un agujero y luego fue como un vómito de hormigas en el otro. Sin embargo, algunas alcanzaron a huir, entre ellas una hormiga reina, que, indignada ante la destrucción de su colonia, organizó rápidamente la resistencia.
Dicen que cuando un humano vive una situación límite, muy agobiante,  sufre cambios inmediatos en su cuerpo. Puede perder el habla, desquiciarse, quizás ocurra que su cabello se vuelva blanco. El impactante hecho también provocó un cambio en las hormigas. Se volvieron transparentes. Y feroces. Lo que preservaron sobre todo fue su instinto de conservación y su sofisticado sistema de comunicación. Siguieron el rastro del escultor, silenciosas y  esparcidas en su  enorme automóvil.
Hoy, en la muestra, las hormigas invisibles están todas agrupadas al pie de cada escultura. El sentimiento recién descubierto desborda su pequeño cuerpo y las llena de energía y determinación. Tal vez por lo mismo se han ido expandiendo y muchas han aumentado su tamaño. Desalojadas abruptamente de lo que fue su hogar, hoy tienen frente a sus ojos al artista, desbordante en su exceso de autoestima.  Son miles y miles y deciden actuar.
Antes que el escultor termine de dar por inaugurada la muestra, el público empieza a intranquilizarse.  Gritan, se tocan, se sacuden. Algo los hiere y no saben qué ocurre. El escultor es el más atacado. Su rostro se vuelve pálido, gime, grita, presa del terror sale huyendo entre la gente que también está convulsionada y corre hacia la salida. 

Las esculturas terminan en el suelo, estrelladas. Itzuki Kono, después de zarandearse vivamente, se desploma hecho un ovillo sanguinolento. En un gesto desesperado, se deshace de la ropa que lo cubre perdiendo toda inhibición. La sangre le brota de la boca, los ojos, las orejas.  Poco después, los forenses no pueden explicar de dónde provino esa masa viscosa y blancuzca que ha obstruido y destrozado todos los orificios de su cuerpo.