viernes, 27 de marzo de 2009

¿QUIEN HA DE PREGUNTARLE A UN PAJARO


lo que han visto sus ojos? ¿Quién ha de preguntarle por los vastos territorios que ha volado?
Siempre vuelvo a mi bosque. Ya no se escucha el rumor de las hojas ni el canto de las aves. Solo el silencio avasallante y a veces el murmullo cruel del viento, que sigue estando ahí como eterno custodio milenario, por siempre y hasta tanto otro bosque renazca de la piedra y el barro, hasta tanto otros pájaros canten, hasta tanto...