sábado, 17 de agosto de 2013

Libro al mar


En febrero de 2010 tiré al mar de Isla Negra una botella de plástico con uno de mis libros adentro. Lo hice a manera de despedida, ya que al otro dia retornaba de mis vacaciones y volvía a la normalidad de mi vida en Río Gallegos. Quería dejar algo de mí en ese hermoso lugar, en la playa al pie de la casa de Neruda, y lancé el objeto desde una de las enormes rocas que la pueblan. El oleaje furioso de ese mar me impresionaba. Al examinar las fotos que cada día tomaba, analizaba cada detalle que el ojo no capta a simple vista, pero que queda para siempre plasmado en las fotos. Veía rostros en las olas, creía oír los gritos de la gente que alguna vez perdió la vida en el mar.
A los pocos días ocurrió lo del tsunami y aún me sigo preguntando cuál habrá sido el destino de la botella y del libro encerrado. Tal vez la furia del oleaje la llevó mar adentro, y aún va la pobre náufraga, huérfana de ojos y de manos que la liberen de su prisión de sal y algas y de su prisionero. O tal vez descansa para siempre en la misma playa, enterrada entre las piedras de Isla Negra, perdida para siempre.

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