miércoles, 4 de diciembre de 2013

Tiempo



No es que el tiempo no nos alcance para nada, ni que pase más rápido a medida que vamos creciendo.
Es que al tiempo se lo comen las malditas colas. En el cajero, en el super, en el Banco, para pagar la tarjeta, el teléfono, los impuestos  o para comprar crédito telefónico. Para todo hay que hacer cola. Entonces el tiempo se vuelve algo chicloso, una cosa amorfa, muerta. Tantas y tantas horas perdidas solo porque alguien pensó que dándonos un plástico las cosas se harían mejor y más rápido, y claro que esto sería cierto si hubieran más cajeros automáticos, o más empleados para atendernos en el super, en el Banco o en el kiosko.
Ahora a toda esta locura se le ha sumado la cola para cargar nafta. Basta que alguien eche a correr el rumor de que los camiones no llegan por paro de petroleros, por viento en la ruta o porque se le pinchó una cubierta a los camiones transportistas, para que todos salgan disparados hacia la primera estación de servicio, y allí se quedan horas y horas, escuchando música, tomando mate o arreglando el país.
Se me ocurre que una manera de aprovechar tanto tiempo que tenemos para meternos para adentro, sería reflexionar acerca de qué podríamos hacer para vivir en un mundo más civilizado y mas justo, donde todo funcionara como debe ser y donde le demos importancia a las cosas que realmente la tienen. En fin, cosas que se me ocurren estando en la vereda de la Municipalidad, refrescándome con el frío viento de noviembre, esperando mi turno para entrar al cajero....

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