jueves, 14 de marzo de 2013

Teresita

Hay días en que sucede algo distinto. Algo lindo, inesperado. Como ayer a la mañana que salí a caminar y encontré de pronto a una amiga que hacía mucho no veía. Teresa. La vi muy delgada, pero muy entera. El dolor no la ha desgastado, sino que la ha fortalecido. Me habló de su esposo que sigue preso aunque mantiene la esperanza de su pronta liberación. Y me habló de las injusticias que se han cometido en nombre de la Justicia. Y de sus pequeñas hijas que lo extrañan pero al hablar con él por teléfono, lloran en silencio para no aumentar su tristeza. Ninguna imagen pudo conmoverme más. Y por un instante sentí que esos ojos llorosos que me miraban eran los míos. Y entonces el abrazo que nos dimos me pareció muy sincero, y en ese abrazo también contuve a las niñas y a ese hombre solo. Pensé que debo llevarle a Teresa ese libro que alguna vez leí y que tanto bien me hizo.

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