jueves, 7 de julio de 2011

Gregorio y yo

Hoy desperté sintiendo mi garganta con ese desagradable pitido que hacía desesperar a Gregorio Samsa. No es que haya amanecido transformada en un insecto horripilante, sino que todo es causa y efecto del clima destemplado y húmedo de estos días.
Luego desafiando el sentido común, me acerqué hasta el banco santa cruz por un trámite que parece interminable. Una hora de espera con mi mejor cara de pocos amigos en el sector atención al cliente, cuyo nombre se me ocurre deberían cambiar por "maltrato al cliente". Cuatro boxes para atención pero sólo atienden dos empleados. Los otros dos hacen trabajo administrativo a la vista y paciencia de los mortales clientes, que impacientes, miran a cada rato el reloj o el celular.
Un concierto de toses en todos los tonos. Tos acatarrada, tos de perro, con flema, tos de hombres y mujeres venía desde el hall central, donde se apiñaban otros cientos de sufridos clientes.
Me distraje rezando para calmar el acceso de tos que amenazaba mi garganta, mirando a la gente que pasaba delante mío, tratando de adivinar lo que hacen.
Empiezo por los zapatos:Tacos altísimos aguja, chicas muy delgadas que trabajan allí. Otras de botitas de taco bajo y cómodo, mujeres ocupadas y apuradas que son seguramente casadas y con obligaciones.
Hombres y mujeres bien vestidos: empleados de alguna oficina haciendo trámites.
Jubilados de ropa abrigada y casual.
Mujeres con guardapolvo que han escapado de alguna repartición pública, tratando de sacarse una obligación de encima.
Salgo del banco con una solución a medias, debo esperar que me confirmen por mail que el trámite ha finiquitado satisfactoriamente.
Miro hacia la esquina contraria. El banco Nación sigue esperando que lo inauguren como se merece una ciudad capital. Mientras, los sufridos clientes siguen apiñándose en un galpón con goteras. Al mejor estilo ovejita patagónica.



1 comentario:

Anónimo dijo...

es asì. la gente comùn sufre el maltrato de estas entidades a la vista del gobierno y de quienes tendrìan que multarlos por no tener el edificio en condiciones para la atenciòn al pùblico y por no tener empleados suficiente para el nùmero de clientes en espera. aquì algunos hacen lo que quieren. y nadie se queja Y nadie los critica (ni siquiera ese sector que sufre la mala atenciòn)
Gracias por este texto tan real. Te dejo abrazo
-maritza-