sábado, 14 de mayo de 2011

CISNE NEGRO O PAVO REAL

Hace poco tuve una hermosa experiencia, algo que hace mucho no hacía. Pude ir al cine y disfrutar de una de las últimas películas ganadoras de los premios Oscar, “El discurso del Rey”. Me encantó ver a Colin Firth, ese actor británico maravilloso, conocido por todas las mujeres desde que empezamos a quererlo en “El diario de Bridget Jones”. ¿Quién no hubiera deseado estar en el papel de la graciosa protagonista?

Claro que para disfrutar de este simple y merecido placer tuve que levantarme un sábado a las siete de la mañana, colarme en el auto de una de mis hijas, hacer un viaje de trescientos kms. hasta Punta Arenas, una hora de trámites aduaneros fronterizos y perderme dos horas de recorrido por los grandes espacios destinados a satisfacer la compulsiva manía compradora de la que hacemos gala las mujeres (y eso que el cambio baja y baja y baja).

Hace tanto que sueño con ver una película en un cine, y no es cuestión de tener que viajar hasta Buenos Aires o Pta. Arenas para poder disfrutar de los últimos estrenos en alguna de las cuatro salas habilitadas últimamente en el centro comercial.

Fue tan grato sentarme en la sala casi vacía, silenciosa y mágica, llena de esa oscuridad presagiadora de algo bueno, con esa sensación única de abandonarme en la butaca y meterme con todos los sentidos en la pantalla, casi hasta sentirme en la piel del protagonista, y la posibilidad de olvidarme de todo lo que me rodea por el término de dos horas sin interrupciones, a salvo de la horda consumista que fuera de la sala de cine vivía un sábado más.

Al margen de ello, lo que quiero contarles es ese sentimiento de sana envidia que me envolvió cuando vi la cartelera con los últimos estrenos, y la satisfacción mental y física que me provocó toda esa ceremonia: la pantalla gigante, la nitidez de la imagen, el sonido, la tridimensión, la grandeza de los actores . A oscuras en la sala, pensaba que me es dificil entender por qué en Río Gallegos, capital de provincia, ciudad con más de cien mil habitantes, no puedo disfrutar de este placer, así como otros habitantes disfrutan del fútbol, de las carreras, de la música o de la lectura.

O tal vez lo han prohibido como al cigarrillo, y yo no me enteré.

Como tampoco me enteré qué es lo que se ha hecho por la actividad cultural en nuestra provincia, ya que un grupo de artistas locales lo resalta en una solicitada y agradece al gobierno de turno por “todo” lo que ha hecho por la cultura, aunque aún no tengamos ni un teatro, ni una miserable sala de cine y se haya editado una antología de autores provinciales con diez años de retraso.

Muero de ganas por ver El cisne negro, la última de Natalie Portman, ganadora de los últimos premios de la Academia, pero debo esperar hasta el próximo viaje a Chile o que por fin se concrete la ansiada sala de cine en Gallegos, lo cual lo veo muy negro y muy lejano, tanto como el ave.

Y al hablar del cisne, no sé por qué se me viene a la mente la imagen de un pavo real, que se jacta de la abundancia de sus plumas, pero desprovisto de ellas, no es más que un pobre, tonto y vulgar pavo.

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