El paisaje maravilloso sigue acompañando, dispuesto a dejarse disfrutar por quien sepa hacerlo, por quien quiera sentirse parte de él. El paisaje no sabe de ausencias.
¿Y por qué no ha de tocarte la muerte? ¿y por qué te va a dejar pasar? Si sólo ella puede darte esa paz y ese silencio. Si sólo ella puede redimirte de todas tus miserias y apartarte de los cuervos que te rodean. Si sólo ella puede parirte de nuevo.
Porque hoy sé, igual que tantos, que lo que soy es el resultado de muchas que fuimos. Las que vuelven en sueños y se repiten en gestos. Las que me habitan.
El enfoque era hacia la luz. Y la luz era la certeza. Y la certeza era el círculo y estábamos adentro. Era como atravesar el viento tomados de la mano. Para dejar de oír ese sonido y del otro lado del viento, extrañarlo.